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PLANO LABORATORIO
RIDER TÉCNICO
Muestra de resultados Fábrica Mutante
Laboratorio de diseño, orientado al desarrollo y producción de mobiliario abierto para el trabajo colaborativo en colectivos y organizaciones culturales, realizó su muestra de resultados el pasado 6 de diciembre de 2026. Este proyecto realizado en el marco de la franja [Fab/Lab] de Plataforma Bogotá , presentó un conjunto de mesas modulares, biombos de exhibición, bancos replicables para adultos y niños que formaron parte de Coroto Lab, un sistema concebido para propiciar el trabajo colaborativo y activar procesos en diversos territorios.
“El laboratorio consistió en la construcción de un sistema mobiliario para colectivos. Queríamos dar una base para que pasaran muchas cosas”, explica Andrés Garzón, uno de los coordinadores del proceso. Esa “base” no constituye un objeto cerrado, sino un sistema de elementos donde los colectivos y agrupaciones pueden reunirse, trabajar y socializar sus ideas, procesos, activando sus dinámicas en distintos contextos

Fábrica Mutante se desarrolló entre el 28 de octubre y el 6 de diciembre de 2025 en alianza con la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de La Salle. El laboratorio convocó a participantes de diversas disciplinas: diseño, artes, antropología, gestión cultural, entre otras. Más que un espacio de taller, el laboratorio abordó un conocimiento colectivo y colaborativo en el que el diseño se comprendió desde una práctica en contexto.
La metodología del laboratorio se estructuró en tres fases: Los procesos de ideación, prototipado y construcción, aunque en la práctica estas no operaron de manera lineal, sino que iteraron en una red de “trazos” que se entrelazaron, superpusieron y transformaron. El problema aquí no era desarrollar una representación finalizada en cada fase, sino desarrollar herramientas que permitieran reflexionar colectivamente cómo se transformaba el mobiliario y allí poder pensar y dialogar las transformaciones.

Esa aproximación se hizo evidente en la fase de ideación, en la que los participantes construyeron mapas de actores, identificaron necesidades particulares para diversos contextos y tradujeron esas tensiones en formas materiales. “Lo interesante fue encontrarse con otras disciplinas y poder integrar esos conocimientos al diseño, reconociendo las dinámicas reales de los colectivos”, señala Erika Barreto, participante del laboratorio. La idea no era diseñar en abstracto, sino responder a situaciones específicas: ¿qué necesita un colectivo para reunirse?, ¿cómo exhibe lo que produce?, ¿qué condiciones materiales facilitan o limitan su trabajo?
El prototipado, por su parte, operó como un espacio de aprendizaje crítico , se convirtió en un ejercicio de exploración donde cada error abría nuevas posibilidades en el proceso de diseño. En ese tránsito, el laboratorio también impactó prácticas individuales. Juan Camilo Rodríguez, licenciado en artes escénicas con experiencia en circo, teatro y fotografía, encontró en el proceso herramientas concretas para su campo: “Son horas de dibujar, de ceder, de incorporar ideas. Uno entiende que no tiene toda la verdad, sino que se complementa en el grupo”. Resulta en la posibilidad de traducir ideas, acciones, actividades comunitarias en estructuras, que permitan propiciar diferentes dinámicas de trabajo y socialización.

La elección de trabajar con tecnología CNC (control numérico por computador) marcó un punto de inflexión en el proceso. Pensar en un sistema de producción que permitiera replicar con detalle cada una de las piezas. Esto implicó traducir las ideas colectivas en diseños parametrizados, capaces de ensamblarse sin recurrir a herrajes o sistemas complejos. En su lugar, el diseño utiliza encajes geométricos y amarres con cuerda, lo que facilita su armado, desarmado y transporte.

El resultado de ese proceso fue Coroto Lab, un sistema de mobiliario modular que opera como mesa de trabajo modular, bancos para adultos y niños, dispositivo de exhibición de múltiples configuraciones, espacio de encuentro o laboratorio itinerante, según cómo se plantee se adapte. El nombre no es casual: en el imaginario popular, un “coroto” es un objeto cualquiera, cotidiano y versátil, pero también una palabra que se transforma en el uso. Es esa doble condición la que despertó el interés de los participantes, donde el objeto y el lenguaje configuran el diseño del proyecto.



“Fábrica Mutante es una semilla”, insiste Garzón. Y en esa idea se condensa uno de los principios centrales del laboratorio: el código abierto. Más allá de compartir planos o especificaciones técnicas, se trata de permitir que otros colectivos apropien, modifiquen y transformen el sistema según sus propias dinámicas. “Todo lo que generamos estará a disposición para que lo descarguen, lo personalicen y sigan trabajando sobre esto”, añade.
Esa apertura no solo se refleja en el objeto final, sino en el proceso mismo. Para Camilo Casasbuenas, coordinador, uno de los logros más importantes fue la construcción de una comunidad dentro del laboratorio: “Lo más potente fue generar un proceso horizontal, donde todos pudieran apropiarse del diseño”. Desde esa perspectiva, el mobiliario solo es una materialización de diálogos, reflexiones grupales, acuerdos y desacuerdos, puntos de vista que emergen al trabajar colectivamente.
El laboratorio transforma el abordaje de diseño tradicional al pensar los productos como creaciones abiertas con los diversos agentes. Como lo señala Juan Alejandro Álvarez, director del Programa de Diseño Industrial y Diseño Visual de la Universidad de La Salle, “Es una excusa para generar interacciones entre diferentes personas de la ciudad”. Las piezas desarrolladas: mesas modulares, bancos, sistemas de exhibición y accesorios son configuraciones posibles dentro de un sistema que está pensado para transformarse. Su valor no reside únicamente en un diseño de producto finalizado, sino en su capacidad de adaptarse a nuevos contextos y de ser reconfigurado-transformado en el dia a dia.
En ese horizonte, el futuro de Fábrica Mutante no depende de quienes lo crearon y desarrollaron inicialmente, sino de quienes decidan apropiarse del sistema. “Está en manos de las personas que participan y de los colectivos que lo repliquen”, señala Garzón. La apuesta es que este mobiliario circule, se transforme y, en ese proceso, siga acumulando experiencias.
Así, lo que inició como un laboratorio de diseño termina proyectándose como un sistema de mobiliario abierto para las actividades colectivas: un conjunto de piezas modulares que no se cierran sobre sí mismas, sino que invitan a ser usadas, apropiadas, transformadas y, sobre todo, activadas.
Fábrica Mutante se desarrolló en el marco de la franja [Fab/Lab] de Plataforma Bogotá, esta surge como un espacio de fabricación análoga y digital abierta a los ciudadanos. Donde busca impulsar la exploración, experimentación, el aprendizaje crítico y situado de diversas tecnologías a través de la construcción de proyectos orientados al diseño, prototipado, producción y comprobación en cada uno de sus contextos directos. Mediante el formato de laboratorio abierto se invita a ciudadanos, agentes territoriales, aliados, colectivos y agrupaciones a colaborar horizontalmente en la creación de proyectos que respondan a las necesidades y desafíos de los procesos que adelantan en sus contextos.




