Memorias de un río futuro: el laboratorio que imaginó la Bogotá de 2100

Este póster vertical de la Alcaldía de Bogotá anuncia un evento titulado "FUCHA 2100: MEMORIAS DE UN RIO FUTURO", una muestra de resultados del laboratorio ATLAS DE FUTURIDADES AUMENTADAS. El evento, que ofrece un viaje inmersivo entre memoria, territorio y futuro, tendrá su inauguración el martes 26 de mayo a las 6 P.M. y estará abierto al público del 27 al 31 de mayo de 10 A.M. a 6 P.M. La ubicación es el Planetario de Bogotá, segundo piso, en la Calle 26b #5-93. La pieza visual combina la imagen de un rí
El laboratorio Atlas de Futuridades Aumentadas: Cartografía Especulativa con Impacto Social finalizó con la muestra “Memorias de un río futuro”, una experiencia a través de la exploración con realidad aumentada que propone recorrer Bogotá en el año 2100. Coordinado por la artista experimental y diseñadora gráfica Lynda Torres, ganadora de la Beca Plataforma Bogotá Arte, Ciencia y tecnología - 2025, el proceso reunió a un grupo de participantes que investigó el presente de la ciudad desde sus dinámicas por medio de datos, tradiciones y comportamientos , para imaginar otros futuros preferibles para diversos territorios de la ciudad.
 
El laboratorio se desarrolló en Plataforma Bogotá entre el 7 de abril y el 14 de mayo. Durante estas semanas, las y los participantes asumieron el ejercicio de imaginar otros mundos y futuros posibles para la ciudad y especular en torno a porvenires utópicos preferibles. El ejercicio recorrió dimensiones medioambientales, tensiones y posibilidades de la agricultura, la relación con diversas especies y costumbres culturales como las fiestas de fin de año, con un eje en común en todos los procesos: el río.
“Quisimos especular un futuro utópico preferible para distintos ejes temáticos”, explica Torres. El recorrido comenzó con la herramienta del cono de futuros de Voros, que permite diferenciar posibilidades entre futuros probables, plausibles, posibles, preferibles e incluso absurdos. Según la coordinadora, estos últimos resultan importantes porque, aunque rompan las reglas conocidas de la física, trazan otras rutas en el pensamiento proyectual. 
 
Con el presente como base de investigación, el grupo trabajó la visualización crítica de datos y el análisis de impacto a partir de los cuatro cuadrantes del cambio de  Ken Wilber, que articulan las dimensiones del yo, el nosotros, lo objetivo y los sistemas. La apuesta, señala Torres, fue que cada participante y cada asistente se asumiera como un agente de cambio y no como testigo pasivo del futuro. En el proceso, el laboratorio abordó la pregunta de quién produce los datos, que reconocen, que dejan por fuera y cómo se presentan.
 
Fucha 2100 Muestra de resultados. Archivo Idartes
 
La fase de ficción especulativa se nutrió de la ciencia ficción latinoamericana, con referentes como Gabriela Damián, Andrea Chapela, Alberto Chimal y el ilustrador y escritor Luis Carlos Barragán, cuyas imágenes solarpunk permitieron a los participantes imaginar otras posibilidades de mundos posibles desde una mirada situada en la región.
 
La realidad aumentada permitió materializar estas ficciones. El laboratorio combinó el apredizaje de herramientas como Unity y Vuforia con herramientas web como MyWebAR para montar los diversos materiales y desarrollar la experiencia a través de los marcadores. Así, en los proyectos las piezas físicas exhibidas corresponden a datos que revelan el presente, mientras que la capa de realidad aumentada muestra los futuros de esas realidades proyectado al año 2100, acompañado de líneas de tiempo que reconstruyen el camino recorrido para llegar hasta allí.
 
Proyecto “río fucha”. Archivo Idartes
 
“Memorias de un río futuro” se organizó por medio de cuatro estaciones. El Sistema Vigía propone un dispositivo de seguridad reinterpretado como acompañamiento, que pasa de la tableta al celular y guía al visitante por todo el recorrido. Una segunda estación está dedicada al río Fucha: muestra sus características actuales y especula sobre cómo, en ese futuro preferible, ciertos tramos han sido recuperados junto con procesos de ancestralidad asociada a cambios en la forma de relacionarnos con sus aguas. La tercera imagina cómo sería un Año Nuevo en 2100, entre la transformación e hibridación de los años viejos, los rituales, los álbumes, las fotografías familiares, las comidas y los fuegos artificiales. La cuarta, “Phyllophaga phonosapiens” , presenta la mutación de un insecto que vive bajo la tierra y favorece los procesos en la agricultura, en una relación renovada entre las especies y el ciclo del cultivo de alimentos.
 
Proyecto “Phyllophaga phonosapiens”. Archivo Idartes
 
El laboratorio abrió aprendizajes sobre el propio acto de imaginar y trazar otros horizontes. Al investigar y escudriñar críticamente los datos, emergieron fricciones, coincidencias y contradicciones que llevaron a los participantes a cuestionar lo que creían conocer de los territorios. El componente más retador del proceso, señala Torres, fue sostener una mirada utópica. “Muchos tendemos a caer en la distopía”, afirma. Imaginar un futuro preferible resulta complejo, pero también liberador en el momento que el grupo de participantes se permitió crear sin restricciones.
 
El proceso contó con el acompañamiento de invitados desde la gamificación, la narrativa transmedia, entre ellos Nelson López y Qokua Fooxua, así como mentores en el aprendizaje de las tecnologías como Sebastián Wilches y Alvaro Rodriguez quienes invitaron a pensar la construcción de experiencias interactivas en diálogo con la construcción de escenarios futuros.


 
Fucha 2100 Muestra de resultados. Archivo Idartes