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Becas de Arte, Ciencia y Tecnología 2023
Anexos
PLANO LABORATORIO
RIDER TÉCNICO
DATAR: Ecología de los datos
¿Cuáles son las relaciones que construyen los datos con los territorios que habitamos?
Esta fue una de las preguntas centrales que detonaron diálogos y reflexiones colectivas en {DATAR} Laboratorio de experimentación con datos ambientales basado en la orquestación de agentes autónomos, el cual propuso explorar la Estructura Ecológica Principal (EEP) de Bogotá (Sistema conformado por los elementos y áreas naturales que sostienen la funcionalidad ecológica, garantizando la conectividad, el flujo de energía, el ciclo del agua, y la biodiversidad.) comprendiendo ésta como una red viva de relaciones.
Coordinado conjuntamente por Mangle Rojo ORG y La Bosquescuela UBA, el laboratorio reunió a creadores-desarrolladores con diversas formaciones disciplinares y experiencias para investigar colectivamente cómo los agentes autónomos impulsados por grandes modelos de lenguaje (LLM) pueden operar en procesos abiertos de pensamiento ecológico situado, creados a partir de las experiencias surgidas en los territorios por parte

Ingrid Obando laboratorista de las La Bosquescuela UBA
“Somos un grupo de investigación abierta que trabaja en el límite del cambio cultural, la creatividad tecnológica y la comprensión ecológica”, explica Juan Pablo Moya, arquitecto, investigador y coordinador del laboratorio. “Para este ejercicio nos interesaba poner en cuestión qué es el dato, cómo se entiende el dato”, lo cual fue esencial para cuestionar las aproximaciones tradicionales que se tienen. Aquí el ejercicio no consistió en tomar datos y procesarlos con un abordaje “creativo”, esto implicó comprender lo que este proceso involucra, al reconocer de donde fueron tomados, que representan y la forma en que lo hacen. A través de estas reflexiones el laboratorio buscó indagar los datos más allá de unidades de información. Inspirados en el antropólogo Tim Ingold, quien plantea que el mundo no está compuesto por puntos unidos, sino por trayectorias que se entrelazan, el equipo propuso una aproximación distinta: pensar los datos como líneas de experiencias.

Sesión virtual con Juan Diego Cruz
Del mapa al territorio

Recorrido en humedal de la (EEP)
La Estructura Ecológica Principal de Bogotá (EEP), incluye humedales, rondas de río, cerros y corredores biológicos, propició varios recorridos para el diálogo y la reflexión. Más que asumirla como una capa cartográfica, el laboratorio buscó comprenderla como una malla viva de trayectorias, huellas y relaciones en constante transformación.
El trabajo de campo se desarrolló principalmente en el humedal La Conejera y en el área de influencia de la microcuenca de La Salitrosa, en el borde noroccidental de la ciudad. Allí, los participantes recorrieron el territorio acompañados por activistas ambientales e investigadores locales, quienes aportaron perspectivas biológicas, ecológicas e históricas sobre cada uno de los lugares.
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Observación de diversas especies en los recorridos en la (EPP)
En estos recorridos uno de los conceptos que emergió con mayor fuerza fue el de “bosque en potencia”: que constituye en esos brotes y formas de regeneración que aparecen en los bordes urbanos, asimismo en las grietas e intersticios al interior de la ciudad. “Dentro de la ciudad, en cualquier ruptura, en cualquier espacio, aparece allí un bosque en potencia, que tiene una escala muy pequeña y que es básicamente donde queremos centrar nuestra mirada”, resalta Juan Pablo Moya. Es en este ejercicio de ver con otros ojos lo cotidiano y reconocer en ello procesos vivos que suelen pasar desapercibidos, que el laboratorio resulta fundamental para desmantelar varios supuestos frente a los conceptos e imágenes preconcebidas, que emergen frente a lo que es un Bosque ó lo que constituye lo Biodiverso.
¿Agentes sin gente?
El proceso metodológico se organizó en tres bloques de trabajo colectivo: diversos recorridos en la (EPP), sesiones en diálogo con invitados expertos y sesiones híbridas de programación y desarrollo. En este proceso se utilizó el Agent Development Kit (ADK) de Google para explorar la orquestación de un sistema multiagente, apoyándose en una estrategia de pair programming.
Uno de los ejes más críticos del laboratorio fue la reflexión sobre los llamados “agentes”(programa que actúa de forma autónoma, tomando decisiones y ejecutando tareas específicas para alcanzar objetivos definidos, a menudo interactuando con su entorno o con usuarios), impulsados por modelos de lenguaje (LLM). El espacio en lugar de asumirlos como una forma acabada de inteligencia artificial, los abordó desde una aproximación colaborativa.
“No tenemos una inteligencia artificial como tal en este momento”, afirma Moya. “Lo que tenemos son implementaciones de automatización que pueden ser muy útiles para pensar la complejidad, pero lo que queremos promover es la inteligencia colectiva como proceso de desarrollo en el laboratorio”.
Esta diferenciación resulta fundamental, ya que en vez de centrar la atención en la autonomía tecnológica, el equipo propuso orientarla en las personas, en la “gente”. “No ver este proceso como de agentes —porque lo pensaríamos como sin gente— sino poner en el centro a la gente multiespecie”, resalta Moya.
Tras varias sesiones de diálogo, reflexión, programación, creación y experimentación, el laboratorio desarrolló una aplicación agéntica ambiental (Prototipo de experimentación con datos ambientales orquestado por agentes autónomos impulsados por LLMs), presentada en su versión alfa. Esta aplicación concebida como una interfaz abierta (Documentada y montada en GitHub), se planteó como una invitación al movimiento y a la experiencia directa: un dispositivo que motiva a desplazarse físicamente hacia esos “bosques en potencia”, activando una relación consciente al habitar y reflexionar acerca de estos territorios.

Aplicación agentica del Laboratorio DATAR
La aplicación articula datos ambientales, recorridos e interpretaciones surgidas del trabajo de campo, de la experiencia directa de cada uno de los participantes del laboratorio. Su apuesta es generar una mediación que invite al contacto y a la exploración de los territorios. En este sentido, la programación se convierte en una forma de pensamiento material, en un gesto que establece conexiones entre cuerpos, datos y tecnologías.
Las herramientas digitales desde abordajes ecológicos
Los hallazgos y el proceso de desarrollo de DATAR fueron compartidos el 12 de noviembre en el auditorio del Planetario de Bogotá, en una muestra pública donde se socializó la metodología propuesta, así como la versión alfa de la aplicación. Durante esta charla, el equipo de laboratoristas y participantes presentó los ejes conceptuales del laboratorio, los aprendizajes técnicos y las transformaciones que surgieron en la convergencia entre participantes, territorio y código.

Muestra de resultados del laboratorio DATAR
La muestra fue un espacio de reflexión sobre cómo pensar en la tecnología más allá de las herramientas digitales para la optimización de procesos - tareas, y poder reconocer líneas de fuga desde perspectivas ecológicas y críticas. Allí se hizo evidente que el valor de DATAR no radica únicamente en una aproximación al código y a los desarrollos, sino en pensar que la tecnología no tiene usos canónicos, podemos desmantelarlos. “Lo interesante de los laboratorios es el proceso”, afirma Moya. “Ese desarrollo de lo que va surgiendo en estos diálogos conjuntos… el conocimiento que emerge de todos los participantes”.
Esta versión 1.0 de la aplicación continuará transformándose, sin embargo ya presenta aproximaciones críticas frente a los grandes modelos de lenguaje (LLMs) como herramientas que, en diálogo con la experiencia situada, pueden ampliar nuestra manera de comprender y habitar la Estructura Ecológica Principal de Bogotá (EEP); permitiendo repensar la relación que tienen los procesos urbanos en coexistencia en los entornos vivos.

Actividad experiencial de la muestra de resultados del laboratorio DATAR




